Esta semana estuve analizando la prueba teórica más reciente del Enade de Letras Español [enlace]. Como muchos ya saben, el Enade es el Examen Nacional de Desempeño de los Estudiantes que, en este caso, corresponde a los cursos que forman profesores de español para alumnos del séptimo al duodécimo año escolar.
¿Qué he encontrado?
Una prueba bastante difícil y que requiere elevada atención del candidato, tanto por el contenido como la dificultad que tiene en muchas ocasiones para elegir la opción correcta. Es verdad que algunas preguntas fueron más fáciles que otras, pero con bastante frecuencia me quedé en duda entre un par de opciones.
Para que tengan una idea, algunos temas y ejemplos que aparecieron fueron:
Poética afrodescendiente y decolonialidad, con el análisis del poema "Rotundamente negra" de la escritora afrocostarricense Shirley Campbell Barr.
La estética neobarroca, con la narrativa e identidad mestiza en "Concierto barroco" del cubano Alejo Carpentier.
El concepto de libertad y la tensión temporal en la obra de los poetas españoles Joan Margarit y Miguel Hernández.
Las relaciones Norte-Sur global con un diálogo crítico entre el poema del uruguayo Mario Benedetti "El sur también existe" y la canción "Latinoamérica" de grupo puertorriqueño Calle 13.
La ecología indígena y la intemedialidad, a través de la resistencia del pueblo Mapuche en el poema "Fiu Fiu (Bío Bío)" de la escritora y activista mapuche Rayen Kvyeh y el cine chileno contemporáneo con "Sayen: la cazadora".
Además, las teorías de adquisición de segundas lenguas (ASL) con la aplicación de la hipótesis del filtro afectivo de Stephen Krashen en producciones autobiográficas. Debo señalar que no es la primera vez que las hipótesis de la Teoría del Monitor de Krashen aparecen en este tipo de prueba.
También vimos la sociolingüística con el voseo rioplatense en una historieta del personaje Gaturro, así como la variación en el uso de pretéritos (perfecto e indefinido).
El candidato, además, debía analizar con éxito el prestigio lingüístico y sus límites sociales y pragmáticos por medio de la canción "Malamente" de Rosalía y un texto de Lola Pons; el bilingüismo y la alternancia de código en una canción de Bad Bunny y el Atlas de Moreno Fernández y la problematización del Panhispanismo.
Otros temas fueron: el lector como coparticipante en la construcción de sentidos (Estética de la Recepción de Wolfgang Iser) y la taxonomía de Bloom en la lectura del poema "El hambre" del cubano Nicolás Guillén; la carnavalización y la alteridad, -conceptos bajtinianos-, sumados a la subversión de la historia oficial comparando una carta de Cristóbal Colón y un texto del colombiano Gabriel García Márquez y la visión del "Otro" de Tzvetan Todorov, así como la poesía peninsular y la temporalidad, por medio de un poema de Antonio Machado y una crítica del mexicano Octavio Paz.
El candidato también tenía que escribir una carta de opinión convenciendo a sus colegas a realizar un proyecto interdisciplinario con foco en las inferencias y en la lectura como práctica social.
En la primera parte general hubo más, con temas como: tecnologías y racismo algorítmico, con una crítica a la no neutralidad de los algoritmos y a la reproducción de estereotipos; gestión escolar y evaluación, con uso de datos del SAEB para reorganización y planificación y no para el entrenamiento o clasificación de las escuelas; la educación antirracista y la diversidad, con la superación de una "historia única" y la concientización antirracista; la accesibilidad e inclusión, con recursos visuales/concretos para estudiantes sordos y mediación táctil sociointeraccionista con estudiantes sordociegos (aquí el candidato tiene que conocer las diversas teorías de aprendizaje, por lo menos las más conocidas.
Además, en la misma parte general, hubo preguntas con temas como: ecología y territorio, con la literacidad científica sobre crisis climáticas y racismo ambiental; otras pedagogías y saberes tradicionales, con la valorización de los sujetos de la educación popular; la pedagogía de la alternacia y la interculturalidad indígena y, por último, como ya fue dicho antes, la lectura interdisciplinar, trabajando la lectura como práctica social y la habilidad de inferencia en todas las áreas.
¿Qué podemos concluir de todo esto?
Que es necesario promover actividades multimodales de lectura decolonial y empoderamiento racial; conectar datos históricos sobre desigualdad social a poemas, canciones y obras literarias de denuncia crítica; desarrollar talleres de análisis intertextual e intermedial, relacionando literatura, cine y música popular; proponer la relectura de textos canónicos a partir de producciones contemporáneas marginalizadas o periféricas; ampliar el repertorio decolonial, crítico y multimodal, con planes de enseñanza que incorporen activamente obras afrolatinoamericanas, poéticas indígenas y manifestaciones de lenguajes contemporáneos (podcasts, historietas, cine, rap, etc.), al lado del canon clásico, también necesario.
¿Qué les propongo como refuerzo?
Primero, si eres candidato al Enade de español o formador de profesores, te pido que analices con cuidado y cariño todos los elementos presentes en este triángulo didáctico [ver enlace], pensando en tu grado de conocimiento sobre cada tema. En ese artículo de Salamanca Leguizamón y Ramírez Sierra (2020) encontrarás la mayoría de los conocimientos teóricos que como profesor de lengua deberías dominar.
Por otro lado, como un refuerzo de la lectura literaria bajo esas premisas y objetivos, te propongo ver algunos microcuentos tomados de la obra "Espejos. Una historia casi universal" del escritor uruguayo Eduardo Galeano.
"Espejos. Una historia universal" es una obra mucho menos conocida que "Las venas abiertas de América Latina" o la trilogía "Memoria del fuego" de ese autor. Todas son de lectura fácil, pero opté por Espejos porque son microcuentos.
Esta es una selección más o menos arbitraria, pues la obra tiene muchos más textos que pueden ser de interés, pero he tratado de tomar algunos que faciliten la discusión sobre los temas o en relación con las opiniones personales.
Veamos de forma crítica los microcuentos seleccionados de Espejos:
Caminos de alta fiesta
¿Adán y Eva eran negros?
En África empezó el viaje humano en el mundo. Desde allí emprendieron nuestros abuelos la conquista del planeta. Los diversos caminos fundaron los diversos destinos, y el sol se ocupó del reparto de los colores.
Ahora las mujeres y los hombres, arcoiris de la tierra, tenemos más colores que el arcoiris del cielo; pero somos todos africanos emigrados. Hasta los blancos blanquísimos vienen del África.
Quizá nos negamos a recordar nuestro origen común porque el racismo
produce amnesia, o porque nos resulta imposible creer que en aquellos tiempos remotos el mundo entero era nuestro reino, inmenso mapa sin fronteras, y nuestras piernas eran el único pasaporte exigido.
Fundación de la belleza
Están allí, pintadas en las paredes y en los techos de las cavernas.
Estas figuras, bisontes, alces, osos, caballos, águilas, mujeres, hombres, no tienen edad. Han nacido hace miles y miles de años, pero nacen de nuevo cada vez que alguien las mira.
¿Cómo pudieron ellos, nuestros remotos abuelos, pintar de tan delicada manera? ¿Cómo pudieron ellos, esos brutos que a mano limpia peleaban contra las bestias, crear figuras tan llenas de gracia? ¿Cómo pudieron ellos dibujar esas líneas volanderas que escapan de la roca y se van al aire? ¿Cómo pudieron ellos...?
¿O eran ellas?
¿Cómo pudimos?
Ser boca o ser bocado, cazador o cazado. Ésa era la cuestión.
Merecíamos desprecio, o a lo sumo lástima. En la intemperie enemiga,
nadie nos respetaba y nadie nos temía. La noche y la selva nos daban terror.
Éramos los bichos más vulnerables de la zoología terrestre, cachorros inútiles, adultos pocacosa, sin garras, ni grandes colmillos, ni patas veloces, ni olfato largo.
Nuestra historia primera se nos pierde en la neblina. Según parece,
estábamos dedicados no más que a partir piedras y a repartir garrotazos.
Pero uno bien puede preguntarse: ¿No habremos sido capaces de
sobrevivir, cuando sobrevivir era imposible, porque supimos defendernos juntos y compartir la comida? Esta humanidad de ahora, esta civilización del sálvese quien pueda y cada cual a lo suyo, ¿habría durado algo más que un ratito en el mundo?
Amazonas
Las amazonas, temibles mujeres, habían peleado contra Hércules, cuando era Heracles, y contra Aquiles en la guerra de Troya. Odiaban a los hombres y se cortaban el seno derecho para que sus flechazos fueran más certeros.
El gran río que atraviesa el cuerpo de América de lado a lado, se llama
Amazonas por obra y gracia del conquistador español Francisco de Orellana.
Él fue el primer europeo que lo navegó, desde los adentros de la tierra
hasta las afueras de la mar. Volvió a España con un ojo menos, y contó que sus bergantines habían sido acribillados a flechazos por mujeres guerreras, que peleaban desnudas, rugían como fieras y cuando sentían hambre de amores secuestraban hombres, los besaban en la noche y los estrangulaban al amanecer.
Y por dar prestigio griego a su relato, Orellana dijo que ellas eran aquellas amazonas adoradoras de la diosa Diana, y con su nombre bautizó al río donde tenían su reino.
Los siglos han pasado. De las amazonas, nunca más se supo. Pero el río se sigue llamando así, y aunque cada día lo envenenan los pesticidas, los abonos químicos, el mercurio de las minas y el petróleo de los barcos, sus aguas siguen siendo las más ricas del mundo en peces, aves y cuentos.
Las nueve lunas
Gútapa se pasaba la vida dormitando, hamaqueando, mientras su mujer, que ni nombre tenía, le rascaba la cabeza, le espantaba los mosquitos y le daba de comer en la boca. De vez en cuando, él se levantaba y le propinaba una buena paliza, para cuidarle la conducta y mantenerse en forma.
Cuando la mujer huyó, Gútapa se lanzó a buscarla por los barrancos del río Amazonas, y con un palo aporreaba cualquier posible escondite de la fugitiva.
Y pegó con alma y vida un garrotazo en un recoveco donde había un nido de avispas.
Las avispas, furioso torbellino, le clavaron mil aguijones en una rodilla.
La rodilla se hinchó. Y lentamente, luna tras luna, se convirtió en un gran globo. Y dentro del globo fueron cobrando forma y movimiento muchos minúsculos hombrecitos y mujercitas que tejían canastas y collares y tallaban flechas y cerbatanas.
A la novena luna, Gútapa parió. De su rodilla nacieron los primeros
tikunas, que fueron recibidos por la algarabía del loro ala azul, el loro
guayabero, el loro uvero y otros comentaristas.
Fundación de los idiomas
Según los antiguos mexicanos, la historia es otra.
Ellos contaron que la montaña Chicomóztoc, alzada donde la mar se partía en dos mitades, tenía siete cuevas en sus entrañas.
En cada una de las cuevas reinaba un dios.
Con tierra de las siete cuevas, y sangre de los siete dioses, fueron amasados los primeros pueblos nacidos en México.
Poquito a poco, los pueblos fueron brotando de las bocas de la montaña.
Cada pueblo habla, todavía, la lengua del dios que lo creó.
Por eso las lenguas son sagradas, y son diversas las músicas del decir.
Fundación científica del racismo
Raza caucásica se llama, todavía, la minoría blanca que ocupa la cúspide de las jerarquías humanas.
Así fue bautizada, en 1775, por Johann Friedrich Blumenbach.
Este zoólogo creía que el Cáucaso era la cuna de la humanidad, y que de allí provenían la inteligencia y la belleza. El término se sigue usando, contra toda evidencia, en nuestros días.
Blumenbach había reunido doscientos cuarenta y cinco cráneos que
fundamentaban el derecho de los europeos a humillar a los demás.
La humanidad formaba una pirámide de cinco pisos.
Arriba, los blancos.
La pureza original había sido arruinada, pisos abajo, por las razas de piel sucia: los nativos australianos, los indios americanos, los asiáticos amarillos. Y debajo de todos, deformes por fuera y por dentro, estaban los negros africanos.
La Ciencia siempre ubicaba a los negros en el sótano.
En 1863, la Sociedad Antropológica de Londres llegó a la conclusión de que los negros eran intelectualmente inferiores a los blancos, y sólo los europeos tenían la capacidad de humanizarlos y civilizarlos. Europa consagró sus mejores energías a esta noble misión, pero no tuvo suerte. Casi un siglo y medio después, en el año 2007, el estadounidense James Watson, premio Nobel de Medicina, afirmó que está científicamente demostrado que los negros siguen siendo menos inteligentes que los blancos.
Dos reinas
Poco antes de morir, la reina Victoria tuvo la alegría de incorporar otra
perla a su poblada corona. El reino ashanti, vasta mina de oro, pasó a ser colonia británica.
Varias guerras había costado, durante todo un siglo, esa conquista.
La batalla final estalló cuando los ingleses exigieron que los ashantis les entregaran el trono sagrado, donde residía el alma de la nación.
Los ashantis eran tipos muy belicosos, que más valía perderlos que
encontrarlos, pero fue una mujer quien encabezó la batalla final. La reina madre, Yaa Asantewaa, desalojó a los jefes guerreros:
—¿Dónde está la valentía? En ustedes no está.
Fue dura la pelea. Al cabo de tres meses, los cañones británicos impusieron sus razones.
Victoria, la reina triunfante, murió en Londres.
Yaa Asantewaa, la reina vencida, murió lejos de su tierra.
Los vencedores nunca encontraron el trono sagrado.
Años después, el reino ashanti, llamado Ghana, fue la primera colonia del África negra que conquistó la independencia.
El papá de los Boy Scouts
Arthur Conan Doyle recibió el título de sir, y no fue por los méritos de
Sherlock. El escritor ingresó a la nobleza por las obras de propaganda que había escrito al servicio de la causa imperial.
Uno de sus héroes era el coronel Baden-Powell, el fundador de los Boy Scouts. Él lo había conocido combatiendo contra los salvajes africanos:
—Siempre había algo de deportista en su aguda apreciación de la guerra —decía sir Arthur.
Habilidoso en el arte de rastrear huellas ajenas y borrar las propias, Baden-Powell había practicado exitosamente el deporte de la cacería de leones, jabalíes, venados, zulúes, ashantis y ndebeles.
Contra los ndebeles había librado una dura batalla en África del Sur.
Murieron doscientos nueve negros y un inglés.
El coronel se llevó de recuerdo el cuerno que el enemigo soplaba para dar la voz de alarma. Y ese cuerno en espiral, del antílope kudu, fue incorporado a las costumbres de los Boy Scouts, y pasó a ser símbolo de los muchachos que aman la vida sana.
Fundación de los campos de concentración
Cuando Namibia conquistó la independencia, en 1990, se siguió llamando Göring la principal avenida de su capital. No por Hermann, el célebre jefe nazi, sino en homenaje a su papá, Heinrich Göring, que fue uno de los autores del primer genocidio del siglo veinte.
Aquel Göring, representante del imperio alemán en ese país africano, había tenido la bondad de confirmar, en 1904, la orden de exterminio dictada por el general Lothar von Trotta.
Los hereros, negros pastores, se habían alzado en rebelión. El poder
colonial los expulsó a todos, y advirtió que mataría a los hereros que encontrara en Namibia, hombres, mujeres o niños, armados o desarmados.
De cada cuatro hereros, murieron tres. Los abatieron los cañones o los soles del desierto adonde fueron arrojados.
Los sobrevivientes de la carnicería fueron a parar a los campos de
concentración, que Göring programó. Entonces, el canciller Von Bülow tuvo el honor de pronunciar por primera vez la palabra Konzentrationslager.
Los campos, inspirados en el antecedente británico de África del Sur,
combinaban el encierro, el trabajo forzado y la experimentación científica. Los prisioneros, que extenuaban la vida en las minas de oro y diamantes, eran también cobayos humanos para la investigación de las razas inferiores. En esos laboratorios trabajaban Theodor Mollison y Eugen Fischer, que fueron maestros de Joseph Mengele.
Mengele pudo desarrollar sus enseñanzas a partir de 1933. Ese año, Göring hijo fundó los primeros campos de concentración en Alemania, siguiendo el modelo que su papá había ensayado en África.
La estatua más alta
A fines del siglo diecinueve culminó, a tiros de Remington, el vaciamiento de la Patagonia argentina.
Los pocos indios que sobrevivieron a la matanza cantaron, al irse:
Tierra mía: no te alejes de mí,
por más lejos que me vaya yo.
Ya Charles Darwin había advertido, en su viaje a la región, que los indios no se extinguían por selección natural, sino porque su exterminio respondía a una política de gobierno. Domingo Faustino Sarmiento creía que las tribus salvajes constituían un peligro para la sociedad, y el autor del safari final, el general Julio Argentino Roca, llamaba animales salvajes a sus víctimas.
El ejército llevó adelante la cacería en nombre de la seguridad pública. Los indios eran una amenaza y sus tierras, una tentación. Cuando la Sociedad Rural lo felicitó por la misión cumplida, el general Roca anunció:
—Están libres para siempre del dominio del indio esos vastísimos territorios que se presentan ahora llenos de deslumbradoras promesas al inmigrante y al capital extranjero.
Seis millones de hectáreas pasaron a manos de sesenta y siete propietarios.
Cuando murió, en 1914, Roca dejó a sus herederos sesenta y cinco mil hectáreas de tierras arrancadas a los indios.
En vida, no todos los argentinos habían sabido valorar la abnegación de este guerrero de la patria, pero la muerte lo mejoró mucho: ahora tiene la estatua más alta del país y otros treinta y cinco monumentos, su efigie decora el billete más valioso y llevan su nombre una ciudad y numerosas avenidas, parques y escuelas.
Estrella negra
El béisbol era cosa de blancos.
En la primavera de 1947, Jackie Robinson, también nieto de esclavos, violó esa ley no escrita, jugó en las Grandes Ligas y fue el mejor de los mejores.
Lo pagó caro. Sus errores costaban el doble, sus aciertos valían la mitad.
Sus compañeros no le hablaban, el público lo invitaba a regresar a la jungla y su mujer y sus hijos recibían amenazas de muerte.
Él tragaba veneno.
Y al cabo de dos años, el Ku Klux Klan prohibió el partido que los Dodgers de Brooklyn, el equipo de Jackie, iba a disputar en Atlanta. Pero la prohibición no funcionó. Negros y blancos ovacionaron a Jackie Robinson, al entrar al campo de juego, y a la salida, una multitud lo persiguió.
Para abrazarlo, no para lincharlo.
Fundación de la tristeza
Montevideo no era gris. Fue agrisada.
Allá por 1890, uno de los viajeros que visitaron la capital de Uruguay pudo rendir homenaje a la ciudad donde triunfan los colores vivos. Las casas tenían, todavía, caras rojas, amarillas, azules...
Poco después, los entendidos explicaron que esa costumbre bárbara no era digna de un pueblo europeo. Para ser europeo, dijera lo que dijera el mapa, había que ser civilizado. Para ser civilizado, había que ser serio. Para ser serio, había que ser triste.
Y en 1911 y 1913, las ordenanzas municipales dictaron que debían ser
grises las baldosas de las veredas y se fijaron normas obligatorias para los frentes de las casas, donde sólo será permitida la pintura que imite materiales de construcción, como ser arenisca, ladrillo y piedras en general.
El pintor Pedro Figari se burlaba de esta estupidez colonial:
—La moda exige que hasta las puertas, ventanas y celosías se pinten de gris.
Nuestras ciudades quieren ser Parises... A Montevideo, ciudad luminosa, la embadurnan, la trituran, la castran...
Y Montevideo sucumbió a la copiandería.
En aquellos años, sin embargo, Uruguay era el centro latinoamericano de la audacia y probaba con hechos su energía creadora. El país tuvo educación laica y gratuita antes que Inglaterra, voto femenino antes que Francia, jornada de trabajo de ocho horas antes que los Estados Unidos y ley de divorcio setenta años antes de que la ley se restableciera en España. El presidente José Batlle, don Pepe, nacionalizó los servicios públicos, separó la Iglesia del Estado y
cambió los nombres del almanaque. La Semana Santa todavía se llama, en el Uruguay, Semana de Turismo, como si Jesús hubiera tenido la mala suerte de ser torturado y asesinado en una fecha así.
Fuera de lugar
Una típica escena de domingo es el cuadro que da fama a Edouard Manet: dos hombres y dos mujeres en un picnic sobre la hierba, en las afueras de París.
Nada de raro, salvo un detalle. Ellos están vestidos, impecables caballeros, y ellas están completamente desnudas. Ellos conversan entre sí, algún tema serio, cosa de hombres, y ellas tienen menos importancia que los árboles del paisaje.
La mujer que aparece en primer plano nos está mirando. Quizá nos
pregunta, desde su ajenidad, dónde estoy, qué hago yo aquí.
Ellas sobran. Y no sólo en el cuadro.
Fotos: La bandera de la victoria
Isla de Iwo Jima, volcán Suribachi, febrero de 1945.
Seis marines plantan la bandera de los Estados Unidos en la cumbre del volcán, que acaban de tomar tras un duro combate contra los japoneses.
Esta foto de Joe Rosenthal se convertirá en el símbolo de la patria victoriosa en esta guerra y en las guerras siguientes, y será multiplicada millones de veces en carteles y sellos de correos y hasta en los bonos del Tesoro.
En realidad, ésta es la segunda bandera del día. La primera, bastante más pequeña y poco adecuada para las imágenes épicas, ha sido plantada unas horas antes, sin ninguna espectacularidad. Y cuando la foto registra el triunfo, esta batalla no ha concluido, sino que recién comienza. Tres de esos seis soldados no regresarán vivos, y siete mil marines más morirán en esta minúscula isla del Pacífico.
Fotos: Otra bandera de la victoria
Berlín, Reichstag, mayo de 1945.
Dos soldados plantan la bandera de la Unión Soviética en la cúpula del
poder alemán.
Esta foto, de Evgeni Jaldei, retrata el triunfo de la nación que más hijos perdió en la guerra.
La agencia Tass difunde la foto. Pero antes, la corrige. El soldado ruso que tenía dos relojes pasa a tener uno solo. Los guerreros del proletariado no andan saqueando cadáveres.
Como dice Siyi en un reciente artículo donde analiza esta obra "aunque los cuentos contados en Espejos tienen su origen en la historia y han sido creados mediante recursos literarios, revelan la verdad que ocultan los sistemas opresivos" (Siyi, 2026, p. 4) y añade:
A la hora de abordar el tema de la opresión, Galeano recupera las experiencias de personas anónimas, que ni son meras cifras de la historia oficial ni meros telones de fondo de las hazañas heroicas, sino que son individuos vivos y reales. Los nadies no se resignan pasivamente a su destino de opresión, sino que, a pesar de sufrir repetidos fracasos y reveses, siguen persiguiendo la justicia y la equidad. Aunque la historia oficial los oculte, las leyendas y los relatos populares que conforman la memoria colectiva conservan su vitalidad, y lo que el autor está haciendo es transmitirlos como semillas para las luchas futuras (Siyi, 2026, p. 3).
El efecto retroactivo de una prueba es poderoso, por eso te pregunto ¿crees que pudieras usar microcuentos como estos en una educación bajo las premisas que se piden en la BNCC y el Enade?
¿Cómo lo harías?
Me gustaría saber qué piensas de esto.
Referencias
GALEANO, Eduardo. Espejos. Una historia casi universal, 2008. https://editorialkuruf.wordpress.com/wp-content/uploads/2021/01/espejos-e.galeano.pdf
SALAMANCA LEGUIZAMÓN, C.; RAMÍREZ SIERRA, S. C. De la didáctica general a la didáctica del idioma inglés como lengua extranjera. Paideia Surcolombiana, n. 25, p. 106-115, 1 dic. 2020. https://doi.org/10.25054/01240307.2104
SIYI, Guo. Recuperar las voces olvidadas: la reconstrucción de historia en Espejos, una historia casi universal de Eduardo Galeano. Signum. Filología, n. 3, 2026. https://doi.org/10.64593/SF.2026.3.4